<a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/"><img alt="Licencia Creative Commons" style="border-width:0" src="https://i.creativecommons.org/l/by/4.0/88x31.png" /></a><br />Esta obra está bajo una <a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional</a>.
EL ÚLTIMO ARRIERO MARAGATO
REPARTO POR ORDEN DE APARICIÓN
REPARTO POR ORDEN DE APARICIÓN
ADELANTADO- Criado del arriero
POSADERO
POSADERA
ALBERTO - Criado de los posaderos
POSADERO
POSADERA
ALBERTO - Criado de los posaderos
CECILIA - Hija de los posaderos, enamorada de Daniel
DON FIDEL - Arriero
DANIEL- Criado del arriero y enamorado de Cecilia
PEREGRINO
ACTO I
SE ABRE EL TELÓN
El escenario, (que es el mismo en toda la obra), representa el comedor de una fonda con mesas largas de madera y bancos corridos alrededor de las mismas también de madera. Las paredes están decoradas con achiperres de labranza y algún que otro retrato de personas. en un lateral una alacena que contiene platos, vasos y cubiertos. Al fondo del escenario una puerta que da acceso a lo que se supone la cocina y el acceso a los habitaciones. En la otra pared una puerta que es la principal. Del techo cuelga una lámpara de araña descuidada por el paso del tiempo.
Entra por la puerta principal el adelantado.
Mira para los lados y no encuentra a nadie.
¿No hay nadie?
Sale el posadero por la puerta del fondo
POSADERO .- ¡Alguien hay!,
dígame usted que se le ofrece.
ADELANTADO .- Buenos días tenga usted posadero.
Soy el adelantado
de D. Fidel, el arriero,
y traigo un encargo
para dar cobijo y fonda,
a la recua que llegará
calculo, que a última hora.
POSADERO .- ¡Hombre, Don Fidel!,
pero, no lo esperábamos
dentro de este mes.
ADELANTADO .- Por eso me ha puesto de adelantado.
Las circunstancias cambian,
y con el los tiempos
que están corriendo,
y que precipitan los acontecimientos.
Pero eso tendrá tiempo Don Fidel
de conversar con usted.
POSADERO .- Bueno pues usted dirá.
ADELANTADO .- El encargo de Don Fidel es como sigue;
Quiere suficiente forraje y cebada
para alimentar a toda su recua,
treinta machos de buen porte
y 8 caballos de montura de soporte.
Habilite un espacio en las cuadras,
para acomodar tres coches de postas
que al raso no pueden estar,
por la importancia de la mercancía que portan.
Que del mismo modo habilite también,
un espacio para colocar jergones
para diez peones,
que dormirán en las cuadras
haciendo guardias,
al cuidado de las mercancías,
y demás alhajas.
Que preparen una buena cena
de cocido maragato,
en la que no escatime en la ración de carne,
que por su abundancia, deberá sobrar
para que en el camino puedan almorzar.
Pues ha de saber
que Don Fidel, pretende hacer
en seis jornadas,
lo que en circunstancias normales
se hace en el doble.
POSADERO .- Largo encargo es ese.
Pero dígame, si le parece,
¿Y esto a qué se debe?
ADELANTADO .- No estoy autorizado a contarle.
Ya mi señor, si desea informarle.
Ahora solo le pido,
que me de un buen habitáculo
con buen catre,
en el que poder tumbarme.
Pero primero unas viandas,
que alivien mi estómago de la vigilia,
a que me tiene sometida,
tan largo caminata.
Dele buena ración a mi caballo,
y por último, que si no despierto,
lo haga usted, a eso
de las cuatro de la mañana.
POSADERO .- Daremos pleno cumplimiento
a todo su sustento.
ya sabe que en mis largos años
en el cuidado de los arrieros,
nunca ha abandonado mi humilde posada
ninguno con alguna queja.
y dígame por último
¿desea usted que aquí le sirvamos
o prefiere en sus aposentos?.
ADELANTADO .- Necesito un descanso reparador,
y asearme un poco, por favor.
Una jarra aguamanil, y una jofaina
jabón y toalla.
Y sí, comeré en mi aposento
POSADERO .- En breve le subirán lo que solicita.
Será la tercera puerta a su izquierda
que ya está la cama mudada
y tiene buen colchón de lana
Sale el adelantado por la puerta del fondo
POSADERO .- (levantando la voz).
Mujer, mujer.
Mujer, mujer.
(Entra la posadera por la puerta del fondo)
POSADERA .- ¿Que pasa marido?
que llamas con tanto desatino
que llamas con tanto desatino
POSADERO .- Que viene don Fidel, el arriero
y hay muchas cosas que hacer primero.
Ha hecho encargos muy distintos,
¿Donde anda Alberto, el bracero?.
y hay muchas cosas que hacer primero.
Ha hecho encargos muy distintos,
¿Donde anda Alberto, el bracero?.
POSADERA.- Hace unos momentos
que lo vi en los establos
que lo vi en los establos
POSADERO .- Mándalo llamar a mi presencia,
que tiene encargos que hacer con urgencia,
y llama a tu hija de la que vas.
que tiene encargos que hacer con urgencia,
y llama a tu hija de la que vas.
POSADERA.- Tranquilo marido,
que hay tiempo
que hay tiempo
POSADERO.- Esta vez es diferente,
es mucha recua de carga la que viene,
y mucha cuadrilla de peones.
Tienes que preparar cena para doce,
que ha de ser cocido maragato,
en abundancia para que sobre,
que se han de llevar para comer.
Prepara la habitación para Don Fidel,
que el resto no hace falta.
Hay que mullir los jergones para diez,
y llevarlos a las cuadras.
es mucha recua de carga la que viene,
y mucha cuadrilla de peones.
Tienes que preparar cena para doce,
que ha de ser cocido maragato,
en abundancia para que sobre,
que se han de llevar para comer.
Prepara la habitación para Don Fidel,
que el resto no hace falta.
Hay que mullir los jergones para diez,
y llevarlos a las cuadras.
POSADERA.- Voy rauda marido.
(Sale la posadera por la puerta del fondo)
(Pasan unos instantes y entra Alberto por la puerta lateral)
ALBERTO.- ¿Me ha hecho llamar patrón?
POSADERO.- ¡Si!, presta atención zagal,
es mucha la tarea que tenemos que realizar.
Es menester que llames a tres personas,
que te ayuden en las tareas
que más tarde os encomendaré.
Mandas llamar a la señora Luisa y su hija
para que vengan a echar,
una mano a mi mujer e hija en la cocina.
Vas a casa del carnicero,
que traiga carne en suficiente número
para preparar un cocido maragato,
ración suficiente para veinticuatro.
Vas a la panadería,
y te traes hogazas de buen tamaño.
Cuando regreses vuelves a mi presencia,
para encomendarte las tareas de urgencia.
es mucha la tarea que tenemos que realizar.
Es menester que llames a tres personas,
que te ayuden en las tareas
que más tarde os encomendaré.
Mandas llamar a la señora Luisa y su hija
para que vengan a echar,
una mano a mi mujer e hija en la cocina.
Vas a casa del carnicero,
que traiga carne en suficiente número
para preparar un cocido maragato,
ración suficiente para veinticuatro.
Vas a la panadería,
y te traes hogazas de buen tamaño.
Cuando regreses vuelves a mi presencia,
para encomendarte las tareas de urgencia.
ALBERTO.- Muy bien patrón,
si no manda más voy raudo
a cumplir su encargo.
si no manda más voy raudo
a cumplir su encargo.
POSADERO .- Ve y no te distraigas
Sale Alberto por la puerta principal
Entra Cecilia, hija de los posaderos, por la puerta del fondo
CECILIA.- ¿Me ha hecho llamar padre?
POSADERO .- Acaba de llegar el adelantado de Don Fidel.
Prepárale algo de comer.
Súbele la jarra aguamanil y la jofaina grande.
jabón y toalla de las de las de rizo de algodón,
y no te ausentes del mesón,
que tu madre necesitará
tu ayuda en la cocina.
Yo ahora me voy a las cuadras
(Hace ademán de salir, pero se da vuelta)
Prepárale algo de comer.
Súbele la jarra aguamanil y la jofaina grande.
jabón y toalla de las de las de rizo de algodón,
y no te ausentes del mesón,
que tu madre necesitará
tu ayuda en la cocina.
Yo ahora me voy a las cuadras
(Hace ademán de salir, pero se da vuelta)
POSADERO.- Otra cosa te he de decir.
He visto cuando llega el arriero
tus anhelos y desalientos.
¡y también tus escarceos!.
Entérate bien, niñata.
No voy a consentir siquiera,
que esta nuestra hacienda,
pueda parecer una mancebía
y vete olvidándote
de tener cita constante
con ese encargaducho
y flacucho,
del recuero y primero
de nuestro amigo el arriero.
¡sí!, ¡te he visto!
como he visto tu cara
cuando te dije que se acercaba.
He visto cuando llega el arriero
tus anhelos y desalientos.
¡y también tus escarceos!.
Entérate bien, niñata.
No voy a consentir siquiera,
que esta nuestra hacienda,
pueda parecer una mancebía
y vete olvidándote
de tener cita constante
con ese encargaducho
y flacucho,
del recuero y primero
de nuestro amigo el arriero.
¡sí!, ¡te he visto!
como he visto tu cara
cuando te dije que se acercaba.
CECILIA.- ¡Pero padre!... ¡yo!
POSADERO.- ¡Ni padre, ni porra!,
ese muchacho recuero
no ha de mancillar mi honra.
No quiero que ningún arriero
ponga el grito en el cielo.
Son orgullosos y vanidosos.
arrogantes y celosos.
ese muchacho recuero
no ha de mancillar mi honra.
No quiero que ningún arriero
ponga el grito en el cielo.
Son orgullosos y vanidosos.
arrogantes y celosos.
CECILIA.- Pero padre, yo lo quiero
y el me quiere,
años ha, que nos conocemos
y el me quiere,
años ha, que nos conocemos
¡Su desdén, me hiere!
POSADERO.- No son gente de abrir,
y mucho menos permitir,
sus casas y corazones
a nadie sin razones.
Son muy herméticos
en sus casamientos
y no permiten entrada a ninguno
que no pertenezca a su mundo.
y mucho menos permitir,
sus casas y corazones
a nadie sin razones.
Son muy herméticos
en sus casamientos
y no permiten entrada a ninguno
que no pertenezca a su mundo.
CECILIA.- Pero padre.
Razone usted
Razone usted
POSADERO.- ¡He dicho que no!.
¡Y no quiero discusión!,
¡que no te vea yo
en compañía de ese mozo!.
¡Por que la piel te mondo!
¡Y no quiero discusión!,
¡que no te vea yo
en compañía de ese mozo!.
¡Por que la piel te mondo!
CECILIA.- ¡Pero padre!
¿que puedo hacer?,
si mi corazón tan grande
clama por el placer
de estar y pertenecer
a este tal Daniel.
¿que puedo hacer?,
si mi corazón tan grande
clama por el placer
de estar y pertenecer
a este tal Daniel.
POSADERO.- ¡No he de permitir, siquiera
que me hables de esa manera!.
¡Si es menester te encierro,
o te meto en un convento!.
que me hables de esa manera!.
¡Si es menester te encierro,
o te meto en un convento!.
CECILIA.- Siempre le he servido
con total amor y respeto,
pero en mi corazón no mando,
y su duda y desencanto,
en un pozo profundo
me está sumiendo.
¿Y que pasa padre,
si por su disgusto arrogante
enfermo, o quizás muero
por este disgusto que preso
oprime mi corazón?.
con total amor y respeto,
pero en mi corazón no mando,
y su duda y desencanto,
en un pozo profundo
me está sumiendo.
¿Y que pasa padre,
si por su disgusto arrogante
enfermo, o quizás muero
por este disgusto que preso
oprime mi corazón?.
POSADERO.- ¡Pues te entierro!
¡se acabó este desencuentro!
¡se acabó este desencuentro!
(Sale el posadero por la puerta principal)
Cecilia anda pausada de un sitio a otro, se le ve nerviosa y algo alterada
CECILIA.- Que forma tan extraña
de pasar de la dulzura a la rabia.
No vivo sin el recuerdo
de este amor primero.
Que sea lo que Dios quiera,
y si he de morir en el intento
prefiero que así sea,
antes que ceder en mi pensamiento.
Pues no hay un momento en el día
que no piense en esta dicha...
¡ Que llega don Fidel el arriero! ...
¡Ay Dios!... y con él llega su fiel escudero.
¡Ay Dios!... no me llega el aliento,
parece que me falta el aire.
¿Que será esta sensación tan agobiante?...
Pasarán las horas muy lentas,
hasta que vuelva a ver a mi platónico amante
después de tanto tiempo ausente.
¡ Ay Dios!..., ¡qué inquietud, qué angustia!...
que sinvivir en mi se refugia.
La literatura y la copla está llena
de mujeres que de pena,
de venganza y reyerta
han muerto por la complacencia
de padres, amantes y esposos,
que no permiten celosos,
que la mujer pueda elegir libremente
la vida que le resulta presa,
de la voluntad del hombre
¡pero.. ea!, que también en estas,
ha habido mujeres discretas
que se han mostrado dispuestas
a no permitir tal deshonor,
¡Que sea lo que Dios quiera!
BAJA EL TELÓN
FIN DEL ACTO I
ACTO II
SUBE EL TELÓN
de pasar de la dulzura a la rabia.
No vivo sin el recuerdo
de este amor primero.
Que sea lo que Dios quiera,
y si he de morir en el intento
prefiero que así sea,
antes que ceder en mi pensamiento.
Pues no hay un momento en el día
que no piense en esta dicha...
¡ Que llega don Fidel el arriero! ...
¡Ay Dios!... y con él llega su fiel escudero.
¡Ay Dios!... no me llega el aliento,
parece que me falta el aire.
¿Que será esta sensación tan agobiante?...
Pasarán las horas muy lentas,
hasta que vuelva a ver a mi platónico amante
después de tanto tiempo ausente.
¡ Ay Dios!..., ¡qué inquietud, qué angustia!...
que sinvivir en mi se refugia.
La literatura y la copla está llena
de mujeres que de pena,
de venganza y reyerta
han muerto por la complacencia
de padres, amantes y esposos,
que no permiten celosos,
que la mujer pueda elegir libremente
la vida que le resulta presa,
de la voluntad del hombre
¡pero.. ea!, que también en estas,
ha habido mujeres discretas
que se han mostrado dispuestas
a no permitir tal deshonor,
¡Que sea lo que Dios quiera!
BAJA EL TELÓN
FIN DEL ACTO I
...................................
ACTO II
SUBE EL TELÓN
En el centro del escenario se encuentran de pié el mesonero y su esposa
Entra D Fidel por la puerta lateral. Está ataviado con el ropaje típico de uso común de los arrieros. Sombrero chambergo de ala ancha de color pardo; camisa blanca de lino encima de la cual se dejaba ver el chaleco con botonaduras de metal; almilla corta atada con cordón dorado ; a la cintura cordón de seda rojo; bragas de color negro; calza zapato alto sobre medias blancas de punto y tapado el conjunto con unas polainas de cuero; lleva capa negra que le cubre hasta un palmo por encima de los tobillos.
POSADERO.- ¡Bienvenido a esta su casa Don Fidel!.
(Se saludan con efusividad dándose un fuerte abrazo, se acerca la posadera y dándole la mano le hace una pequeña reverencia
DON FIDEL.- Gracias mis buenos amigos
POSADERA.- Es para nosotros un gran honor su presencia.
DON FIDEL.- (Desatándose el cordón de la capa y sacando el sombrero los cuales pone
con cuidado encima de la mesa).
Veo con anhelo,
que ha cumplido con esmero
mi largo encargo.
Pues antes de entrar en su posada,
me he permitido la licencia
de dar revista a la cuadra.
POSADERO.- Es para nosotros un honor y placer,
cumplir fielmente con sus mandados,
pues para nosotros no es usted cliente
sino familia, después de tantos años sirviéndole.
pues para nosotros no es usted cliente
sino familia, después de tantos años sirviéndole.
DON FIDEL.- Se agradece tal consideración de afecto.
Me permitirá usted ya puestos,
que abuse de su respeto,
y le pido que tenga la cortesía,
de pedir a sus peones
que ayuden a mi cuadrilla,
a aliviar las monturas de la carga
que llevan arrastrando todo el día.
Sabré recompensar el trabajo.
Me permitirá usted ya puestos,
que abuse de su respeto,
y le pido que tenga la cortesía,
de pedir a sus peones
que ayuden a mi cuadrilla,
a aliviar las monturas de la carga
que llevan arrastrando todo el día.
Sabré recompensar el trabajo.
POSADERO.- Con su permiso, voy a ordenar
ese encargo sin demora.
ese encargo sin demora.
(sale el posadero)
DON FIDEL.- ¿Y que?, ¿Que tal sigue su hija Cecilia?,
me imagino que guapa como siempre.
me imagino que guapa como siempre.
POSADERA.- Ahí, en la cocina quieta
ocupada en los quehaceres de la cena...
Anda la pobre hoy algo nerviosa,
con la cabeza en otra cosa.
DON FIDEL.- (con una leve sonrisa en la boca)
Conozco a otro recuero
que tenía mucho esmero,
por acercarse a esta hacienda
y crecía en él el ansia ciega.
POSADERA.- ¡Pobres!... ¡Bendita juventud!...
creen los muy cautos
que nos nos hemos dado cuenta
de sus escarceos y amoríos.
DON FIDEL.- No tardará en venir, creo
con cualquier pretexto,
para intentar ver a su hija
aunque solo sea un momento.
POSADERA.- Mi marido anda muy preocupado
con esa relación..., y alterado.
De hecho ha hablado con su hija,
para disuadirle de tener amorío
DON FIDEL.- ¿Y eso a que se debe?.
POSADERA.- Pues verá vuecencia,
mi marido es de la creencia
que entre ustedes los arrieros,
no permiten casamientos
fuera de su gremio,
y de nadie que no sea de su mismo linaje.
DON FIDEL.- Y no anda muy equivocado su marido.
Pues durante siglos, a sido,
la sociedad gremial de los arrieros,
muy hermética a extranjeros.
No se permitían las uniones
de cualquier tipo o forma
en nuestra vida y cultura,
pero eso con el devenir de los años,
ha sido cada vez más permisivo.
Estamos a espuertas del siglo veinte
ya casi ni se plantea esa corriente,
aunque aún hay en nuestro gremio
quien no se adapta a ese cambio
POSADERA.- O sea que usted no vería, amigo mío,
con malos ojos, ese amorío.
DON FIDEL.- En absoluto..., de hecho,
tengo de ustedes un gran concepto,
por su honestidad y decencia...
he incluso sus creencias,
Por otra parte mi recuero,
no es arriero,
es mi fiel sirviente y primero,
que ya desde bien pequeño,
hacía en mi casa tareas
eso sí, pequeñas.
Más tarde ya crecido
como bien ver han podido,
durante estos años me ha acompañado
en todos mis viajes, al año.
POSADERA.- Pues eso es algo que desengañará a mi marido...
el pobre estaba preocupado ,
por lo que usted pudiese pensar,
y que de esos amoríos no quisiera ni hablar.
DON FIDEL.- Bueno pero no seamos
demasiado halagüeños,
que igual solo es de un amorío pasajero.
ocupada en los quehaceres de la cena...
Anda la pobre hoy algo nerviosa,
con la cabeza en otra cosa.
DON FIDEL.- (con una leve sonrisa en la boca)
Conozco a otro recuero
que tenía mucho esmero,
por acercarse a esta hacienda
y crecía en él el ansia ciega.
POSADERA.- ¡Pobres!... ¡Bendita juventud!...
creen los muy cautos
que nos nos hemos dado cuenta
de sus escarceos y amoríos.
DON FIDEL.- No tardará en venir, creo
con cualquier pretexto,
para intentar ver a su hija
aunque solo sea un momento.
POSADERA.- Mi marido anda muy preocupado
con esa relación..., y alterado.
De hecho ha hablado con su hija,
para disuadirle de tener amorío
DON FIDEL.- ¿Y eso a que se debe?.
POSADERA.- Pues verá vuecencia,
mi marido es de la creencia
que entre ustedes los arrieros,
no permiten casamientos
fuera de su gremio,
y de nadie que no sea de su mismo linaje.
DON FIDEL.- Y no anda muy equivocado su marido.
Pues durante siglos, a sido,
la sociedad gremial de los arrieros,
muy hermética a extranjeros.
No se permitían las uniones
de cualquier tipo o forma
en nuestra vida y cultura,
pero eso con el devenir de los años,
ha sido cada vez más permisivo.
Estamos a espuertas del siglo veinte
ya casi ni se plantea esa corriente,
aunque aún hay en nuestro gremio
quien no se adapta a ese cambio
POSADERA.- O sea que usted no vería, amigo mío,
con malos ojos, ese amorío.
DON FIDEL.- En absoluto..., de hecho,
tengo de ustedes un gran concepto,
por su honestidad y decencia...
he incluso sus creencias,
Por otra parte mi recuero,
no es arriero,
es mi fiel sirviente y primero,
que ya desde bien pequeño,
hacía en mi casa tareas
eso sí, pequeñas.
Más tarde ya crecido
como bien ver han podido,
durante estos años me ha acompañado
en todos mis viajes, al año.
POSADERA.- Pues eso es algo que desengañará a mi marido...
el pobre estaba preocupado ,
por lo que usted pudiese pensar,
y que de esos amoríos no quisiera ni hablar.
DON FIDEL.- Bueno pero no seamos
demasiado halagüeños,
que igual solo es de un amorío pasajero.
POSADERA.- Bueno y cambiando de tercio.
Me dirá si desea cenar en su cuarto,
o aquí con sus recueros.
Me dirá si desea cenar en su cuarto,
o aquí con sus recueros.
DON FIDEL.- Lo haré aquí en este salón,
junto a mis fieles empleados,
que lo harán en dos relevos,
para velar los géneros
que en la recua traemos.
junto a mis fieles empleados,
que lo harán en dos relevos,
para velar los géneros
que en la recua traemos.
POSADERA.- Pues si usted lo desea,
ya tiene en su cuarto,
todo preparado para el aseo,
antes de dar cuenta de las viandas de la cena.
ya tiene en su cuarto,
todo preparado para el aseo,
antes de dar cuenta de las viandas de la cena.
DON FIDEL.- (Recogiendo la capa y el sombrero)
Se agradece el detalle,
y sin más con su permiso,
me ausento un momento para asearme
y poner en orden mis cosas,
pues para dar cuenta de sus viandas,
aún queda una hora.
Se agradece el detalle,
y sin más con su permiso,
me ausento un momento para asearme
y poner en orden mis cosas,
pues para dar cuenta de sus viandas,
aún queda una hora.
Sale Don Fidel por la puerta del fondo
Entra el posadero por la puerta lateral
POSADERO.- ¿Ya se ha retirado Don Fidel?
POSADERA.- Ahora mismo lo acaba de hacer.
POSADERO.- Bien, ya su encargo está realizado,
y de hecho he mandado,
venir a los sirvientes a las siete,
para que ayuden a cargar las mercancías.
Pues según me dijo el principal de la cuadrilla,
ese tal Daniel,
es esa a la hora que Don Fidel
mandó estar todos en pié.
y de hecho he mandado,
venir a los sirvientes a las siete,
para que ayuden a cargar las mercancías.
Pues según me dijo el principal de la cuadrilla,
ese tal Daniel,
es esa a la hora que Don Fidel
mandó estar todos en pié.
POSADERA.- Muy bien marido,
anda entra conmigo,
que tengo que contarte algo relativo
a lo que Don Fidel y yo hemos hablado.
anda entra conmigo,
que tengo que contarte algo relativo
a lo que Don Fidel y yo hemos hablado.
POSADERO.- ¡Que será lo que tú tratas con Don Fidel!,
¡Miedo me da cuando rediez
las mujeres os metéis a cotillear!.
¡Miedo me da cuando rediez
las mujeres os metéis a cotillear!.
Ambos salen por la puerta del fondo
Entra Cecilia por la misma puerta, con paso lento mirando para los lados por miedo a ser vista
CECILIA.- ¡Ay madre! (Suspira),
¿que me pasa que todo el cuerpo me tiembla?,
que parece que tengo en mis entrañas,
mil saltamontes
dando botes ...
Esto es un sinvivir...,
ese hombre me tiene loca perdida,
que me paso el día distraída.
solo pensando en cómo huele,
cómo respira,
cómo besa,
y cómo me habla...
¿Pero dónde estará,
que tanto tarda?,
¿Me habrá olvidado?.
¿Habrá encontrado otro amor,
que el mío ha anulado?...
¡Si, será eso!...
¿Pero qué digo?,
solo con que el sienta
la mitad de lo que yo siento ,
eso sería imposible...
¡Hay madre, esto es un sinvivir!...
¿Que pensamientos lúgubres tienes Cecilia?,
que él te juró amor eterno,
hace poco menos de una quincena
en nuestra última cena...
Pero hombre es, y muy apuesto,
y dicen que la palabra de amor
de un hombre, dura lo que dura
ración de carne en un pote de pobre...
¡Ay madre!, ¡Ay Dios!,
que ya no se si suspirar en madre o suspirar en Dios..
Apenas si lo vi un instante
montado en su caballo gigante,
cuan hidalgo en su montura
dispuesto a la lucha.
¡Que porte!,
¡que estampa!,
¡que saber estar!,
¡que cualquiera al verlo,
diría que es un caballero
de alto postín y no el azacán
de un arriero maragato,
que recorre el camino de dista
más de ciento veinticinco leguas,
desde el mar a los gatos.
¡Alguien viene!,
¡me esconderé!,
que no quiero que me vean
es este estado de desasosiego.
Entra una persona por la puerta lateral. Viste un abrigo de tres cuarto y capucha, que no deja ver su cara
¿que me pasa que todo el cuerpo me tiembla?,
que parece que tengo en mis entrañas,
mil saltamontes
dando botes ...
Esto es un sinvivir...,
ese hombre me tiene loca perdida,
que me paso el día distraída.
solo pensando en cómo huele,
cómo respira,
cómo besa,
y cómo me habla...
¿Pero dónde estará,
que tanto tarda?,
¿Me habrá olvidado?.
¿Habrá encontrado otro amor,
que el mío ha anulado?...
¡Si, será eso!...
¿Pero qué digo?,
solo con que el sienta
la mitad de lo que yo siento ,
eso sería imposible...
¡Hay madre, esto es un sinvivir!...
¿Que pensamientos lúgubres tienes Cecilia?,
que él te juró amor eterno,
hace poco menos de una quincena
en nuestra última cena...
Pero hombre es, y muy apuesto,
y dicen que la palabra de amor
de un hombre, dura lo que dura
ración de carne en un pote de pobre...
¡Ay madre!, ¡Ay Dios!,
que ya no se si suspirar en madre o suspirar en Dios..
Apenas si lo vi un instante
montado en su caballo gigante,
cuan hidalgo en su montura
dispuesto a la lucha.
¡Que porte!,
¡que estampa!,
¡que saber estar!,
¡que cualquiera al verlo,
diría que es un caballero
de alto postín y no el azacán
de un arriero maragato,
que recorre el camino de dista
más de ciento veinticinco leguas,
desde el mar a los gatos.
¡Alguien viene!,
¡me esconderé!,
que no quiero que me vean
es este estado de desasosiego.
Entra una persona por la puerta lateral. Viste un abrigo de tres cuarto y capucha, que no deja ver su cara
EXTRAÑO.- Juraría que a Cecila sentí hablar...
Será cosa mía, que no dejo de temblar
cuando veo su cara angelical.
Que el alma me trastoca
que no me deja pensar.
Que durante tanto tiempo
la veo crecer en hermosura,
en calidez y ternura.
y Cuando me mira,
no puedo casi ni respira.
CECILIA .- ¿Eres tú cielo mío?
EXTRAÑO.- (A parte)
¿Me llama?, ¿me reclama?.
¡Me reconoce y me contesta!
(dirigiéndose a Cecilia)
Aquí estoy vida mía
CECILIA.- Ya hace rato que te esperaba.
(acercándose)
Mi corazón late sin desenfreno
esperando este momento.
EXTRAÑO.- También el mío.
CECILIA.- Estoy en un sinvivir
Solo pensando en ti.
Tantos días esperando
este reencuentro.
Que no duermo ni descanso
solo esperando.
Pero... ¡te noto más distante!,
¡Tu voz me tiene confundida!,
Y ese abrigo... parece un disparate.
No te puedo ver bien todavía
¿Por que no te lo quitas?.
El extraño se quita el abrigo, dejando ver la figura de Alberto, el sirviente de los posaderos
CECILIA.- ¡Pero tu no eres el amor que espero!
ALBERTO.- ¿Como dices vida mía?
Yo soy el único que te venera
te implora y te corteja.
Que desde que has crecido
y en doncella te has convertido
me tienes loco perdido.
CECILIA.- Lo siento Alberto.
Nunca tal cosa pretendí
ni por un momento.
mi corazón pertenece
a otro amor ahora ausente.
ALBERTO.- (Se acerca y la abraza)
No me digas eso amor.
Que lo que yo siento,
es la esencia del candor
y no puedo expulsar aliento,
y me causa gran dolor
tu negativa y tormento.
CECILIA.- ¡Suéltame, me haces daño!
ALBERTO.- No te resistas
pues serás mía.
No he de consentir
que el amor que siento por ti,
no se vea correspondido.
Y si es menester, te digo
que a la fuerza será mío.
CECILIA.- Jamás tal cosa consentiré,
que antes que mancillarme
la vida me quitaré,
y no podrás deshonrarme.
ALBERTO.- ¡Serás mía!
¡No te resistas!
CECILIA.- ¡Jamás...!
Mi alma y mi corazón
pertenecen a otro zagal,
que tu no le llegas bribón,
ni a tocar el pulgar.
ALBERTO.- ¿Y quien es ese mozo
que se supone tan bravo?,
quiero saberlo con gozo
para arrancarle ese brazo.
CECILIA.- Su nombre es Daniel
el recuero más fiel
del arriero don Fidel
(Alberto sorprendido empuja a Cecilia a un lado)
ALBERTO .- No quisiera bajo ningún concepto,
mantener pleito con un arriero.
Pues es bien sabido,
que el que tal cosa osa.
acaba en una fosa.
Por que el arriero, es pendenciero
si a su propiedad metes mano,
tiene de su parte a la justicia,
a la clase más populista,
a los señores feudales,
y al propio Rey borbón.
Esa es su condición.
CECILIA.- Vete... insensato,
he de decirle a mi padre
la clase de sirviente que tiene.
ALBERTO.- Perdonad mi osadía,
se me fue la cabeza
con tu presencia.
Tan pronto amanezca,
me iré de estas tierras,
si mantenéis el secreto
de este desencuentro.
CECILIA.- Por mi no hay problema.
Que el alma me trastoca
que no me deja pensar.
Que durante tanto tiempo
la veo crecer en hermosura,
en calidez y ternura.
y Cuando me mira,
no puedo casi ni respira.
CECILIA .- ¿Eres tú cielo mío?
EXTRAÑO.- (A parte)
¿Me llama?, ¿me reclama?.
¡Me reconoce y me contesta!
(dirigiéndose a Cecilia)
Aquí estoy vida mía
CECILIA.- Ya hace rato que te esperaba.
(acercándose)
Mi corazón late sin desenfreno
esperando este momento.
EXTRAÑO.- También el mío.
CECILIA.- Estoy en un sinvivir
Solo pensando en ti.
Tantos días esperando
este reencuentro.
Que no duermo ni descanso
solo esperando.
Pero... ¡te noto más distante!,
¡Tu voz me tiene confundida!,
Y ese abrigo... parece un disparate.
No te puedo ver bien todavía
¿Por que no te lo quitas?.
El extraño se quita el abrigo, dejando ver la figura de Alberto, el sirviente de los posaderos
CECILIA.- ¡Pero tu no eres el amor que espero!
ALBERTO.- ¿Como dices vida mía?
Yo soy el único que te venera
te implora y te corteja.
Que desde que has crecido
y en doncella te has convertido
me tienes loco perdido.
CECILIA.- Lo siento Alberto.
Nunca tal cosa pretendí
ni por un momento.
mi corazón pertenece
a otro amor ahora ausente.
ALBERTO.- (Se acerca y la abraza)
No me digas eso amor.
Que lo que yo siento,
es la esencia del candor
y no puedo expulsar aliento,
y me causa gran dolor
tu negativa y tormento.
CECILIA.- ¡Suéltame, me haces daño!
ALBERTO.- No te resistas
pues serás mía.
No he de consentir
que el amor que siento por ti,
no se vea correspondido.
Y si es menester, te digo
que a la fuerza será mío.
CECILIA.- Jamás tal cosa consentiré,
que antes que mancillarme
la vida me quitaré,
y no podrás deshonrarme.
ALBERTO.- ¡Serás mía!
¡No te resistas!
CECILIA.- ¡Jamás...!
Mi alma y mi corazón
pertenecen a otro zagal,
que tu no le llegas bribón,
ni a tocar el pulgar.
ALBERTO.- ¿Y quien es ese mozo
que se supone tan bravo?,
quiero saberlo con gozo
para arrancarle ese brazo.
CECILIA.- Su nombre es Daniel
el recuero más fiel
del arriero don Fidel
(Alberto sorprendido empuja a Cecilia a un lado)
ALBERTO .- No quisiera bajo ningún concepto,
mantener pleito con un arriero.
Pues es bien sabido,
que el que tal cosa osa.
acaba en una fosa.
Por que el arriero, es pendenciero
si a su propiedad metes mano,
tiene de su parte a la justicia,
a la clase más populista,
a los señores feudales,
y al propio Rey borbón.
Esa es su condición.
CECILIA.- Vete... insensato,
he de decirle a mi padre
la clase de sirviente que tiene.
ALBERTO.- Perdonad mi osadía,
se me fue la cabeza
con tu presencia.
Tan pronto amanezca,
me iré de estas tierras,
si mantenéis el secreto
de este desencuentro.
CECILIA.- Por mi no hay problema.
(Sale Alberto corriendo por la puerta del fondo)
Entra Daniel por la puerta principal, Cecilia se esconde al sentir abrirse la puerta.
Deambula mirando no ser visto.
DANIEL.- ¿Habrá alguien?.
Parece que no...
Ni aquella que es el lucero,
de mi alma solitaria,
que alumbra la soledad de mis días,
y de mis desvelos nocturnos.
La que me da fuerzas para cabalgar sin descanso,
pero que me deja en el mayor de los desamparos,
cuando me alejo por este camino sin fin...
Ida y vuelta,
ida y vuelta...
así mes tras mes.
Para que en cada parada,
en esta humilde morada
solo pueda verla una vez...
¡Que vida la del arriero!,
que pasa la vida por estos derroteros,
en que el tiempo en soledad le deja tan mal cuerpo.
¿Dónde estará esta mujer?,
lucero de mi alma desasosegada...
que apenas tengo un rato para verla,
tocarla,
acariciarla,
sentir su aliento...
y si se tercia darle un beso
Cecilia se deja ver
Parece que no...
Ni aquella que es el lucero,
de mi alma solitaria,
que alumbra la soledad de mis días,
y de mis desvelos nocturnos.
La que me da fuerzas para cabalgar sin descanso,
pero que me deja en el mayor de los desamparos,
cuando me alejo por este camino sin fin...
Ida y vuelta,
ida y vuelta...
así mes tras mes.
Para que en cada parada,
en esta humilde morada
solo pueda verla una vez...
¡Que vida la del arriero!,
que pasa la vida por estos derroteros,
en que el tiempo en soledad le deja tan mal cuerpo.
¿Dónde estará esta mujer?,
lucero de mi alma desasosegada...
que apenas tengo un rato para verla,
tocarla,
acariciarla,
sentir su aliento...
y si se tercia darle un beso
Cecilia se deja ver
CECILIA.- ¿Hablas solo amor?
Daniel sorprendido
Daniel sorprendido
DANIEL.- Hablo solo.
Loco me estoy volviendo
si tu presencia no siento.
Se funden en un fuerte abrazo y se cogen de las manos
Loco me estoy volviendo
si tu presencia no siento.
Se funden en un fuerte abrazo y se cogen de las manos
CECILIA.- Algo así me pasa a mí,
sin tu presencia no puedo vivir.
DANIEL.- Estos días sin ti, amor,
han sido un sinvivir constante,
que no encuentro descanso
y me paso el camino pensando,
solo en el amor que dejé
en esta bendita posada.
Como el que vende su alma al diablo
y luego no encuentra reparo.
Así está mi alma sajada
viviendo en este calvario.
han sido un sinvivir constante,
que no encuentro descanso
y me paso el camino pensando,
solo en el amor que dejé
en esta bendita posada.
Como el que vende su alma al diablo
y luego no encuentra reparo.
Así está mi alma sajada
viviendo en este calvario.
CECILIA.- ¡Que bien hablas mi amor!.
¡y que bien hueles!.
¡y que bien hueles!.
DANIEL.- Será que me acabo de bañar
en un barreño tremendo,
que tu padre tuvo a bien instalar
en un lado del granero.
en un barreño tremendo,
que tu padre tuvo a bien instalar
en un lado del granero.
CECILIA.- Para mi también fue difícil
afrontar estos días sin tí,
que tengo ojeras y flojera,
de no poder cerrar los ojos siquiera
sólo pensando en ti.
afrontar estos días sin tí,
que tengo ojeras y flojera,
de no poder cerrar los ojos siquiera
sólo pensando en ti.
DANIEL.- ¡Ay amor!, ¡no me digas eso
que tus ojos son luceros,
que reflejan hasta mis pensamientos,
y nadie diría, hermosa mía,
que esos ojos, que lucen de maravilla,
han estado algún día cansados.
que tus ojos son luceros,
que reflejan hasta mis pensamientos,
y nadie diría, hermosa mía,
que esos ojos, que lucen de maravilla,
han estado algún día cansados.
CECILIA.- ¡Cuanto te he echado de menos!,
que no hay momento en el día,
que no tenga pensamientos,
en que tu eres mi único guía.
No soy dueña de mi vida,
pues tu recuerdo constante
me tiene sumida y consumida,
que no vivo un instante
sin que el reflejo de tu cara,
venga a mí a fustigarme,
que casi diría que el amor
duele como si fuese a pegarme,
en todo el alma el calor,
de este infierno abrasador
que no hay momento en el día,
que no tenga pensamientos,
en que tu eres mi único guía.
No soy dueña de mi vida,
pues tu recuerdo constante
me tiene sumida y consumida,
que no vivo un instante
sin que el reflejo de tu cara,
venga a mí a fustigarme,
que casi diría que el amor
duele como si fuese a pegarme,
en todo el alma el calor,
de este infierno abrasador
DANIEL.- Algo así me pasa a mí,
que recuerdo en mi montura
el olor de tu cuerpo sutil.
Tu pelo...
tu aliento...
tu cara...
tu alma.
Todo me recuerda a ti,
y vivo solo pensando
el día en que he de llegar ,
para poderte abrazar
y no volverte a soltar.
que recuerdo en mi montura
el olor de tu cuerpo sutil.
Tu pelo...
tu aliento...
tu cara...
tu alma.
Todo me recuerda a ti,
y vivo solo pensando
el día en que he de llegar ,
para poderte abrazar
y no volverte a soltar.
CECILIA.- ¡Ay Dios qué sinvivir!
DANIEL.- Con tus padres he de hablar.
Voy a pedir tu mano,
pues no podemos seguir alejados.
Tú en este lugar,
yo por esos caminos de Dios
solo esperando el momento
de tan hermosos reencuentro.
Voy a pedir tu mano,
pues no podemos seguir alejados.
Tú en este lugar,
yo por esos caminos de Dios
solo esperando el momento
de tan hermosos reencuentro.
CECILIA.- ¡Ay Daniel de mi vida!.
¡Ay Daniel de mi amor!,
que no temo su negativa
sino la de tu señor.
Pues es bien sabido
que el arriero es fiel a su palabra,
pero terco en sus principios.
Y miedo tengo cielo mío
que no consentirá nuestro amor.
¡Ay Daniel de mi amor!,
que no temo su negativa
sino la de tu señor.
Pues es bien sabido
que el arriero es fiel a su palabra,
pero terco en sus principios.
Y miedo tengo cielo mío
que no consentirá nuestro amor.
DANIEL.- Bien sabe Dios
que siempre he sido fiel servidor,
de los mandados
y recados de mi señor.
Pero si en esto no ha de ceder
no me quedará menester,
que desobedecer.
Y con gran dolor de mi corazón,
¡a mi señor que le den!.
Pues el amor que por ti siento
vence cualquier intento.
¡Que alguien se atreva siquiera
a plantear lucha sincera!
Aunque contra todos tenga que luchar,
has de ser mi esposa verdadera.
Luz de mi vida que ha de alumbrar
en este tu remanso de paz.
que siempre he sido fiel servidor,
de los mandados
y recados de mi señor.
Pero si en esto no ha de ceder
no me quedará menester,
que desobedecer.
Y con gran dolor de mi corazón,
¡a mi señor que le den!.
Pues el amor que por ti siento
vence cualquier intento.
¡Que alguien se atreva siquiera
a plantear lucha sincera!
Aunque contra todos tenga que luchar,
has de ser mi esposa verdadera.
Luz de mi vida que ha de alumbrar
en este tu remanso de paz.
CECILIA.- ¡Ay amor!, ¡no digas eso!
que crece mi desasosiego.
Algún modo habrá de superar
esta duda que no nos deja pensar,
y aunque sea más tarde,
habremos de encontrar,
solución a este malestar.
que crece mi desasosiego.
Algún modo habrá de superar
esta duda que no nos deja pensar,
y aunque sea más tarde,
habremos de encontrar,
solución a este malestar.
DANIEL.- ¿Más tarde dices amor?.
¡Has de saber ahora mismo,
que este viaje de horror
es el último que por este camino
ha de realizar mi señor!.
La vida del andante arriero,
llega a su fin con dolor,
pues el tren de la prosperidad
desplaza la vida de candor
que desde el siglo trece,
han sabido los arrieros, con sudor,
abastecer de víveres y peces
la ciudad del reino de candor,
y por ende toda la nación
con esos grandes hombres libres.
¡Has de saber ahora mismo,
que este viaje de horror
es el último que por este camino
ha de realizar mi señor!.
La vida del andante arriero,
llega a su fin con dolor,
pues el tren de la prosperidad
desplaza la vida de candor
que desde el siglo trece,
han sabido los arrieros, con sudor,
abastecer de víveres y peces
la ciudad del reino de candor,
y por ende toda la nación
con esos grandes hombres libres.
CECILIA.- ¿Como?, ¿que me dices rediez?.
¿Que si no decidimos ahora,
puede ser la últimas vez
que no veamos?.. ¡Pardiez!.
¿Que si no decidimos ahora,
puede ser la últimas vez
que no veamos?.. ¡Pardiez!.
DANIEL.- No será así de ninguna manera,
pues en rebeldía me haría,
y si es preciso vendría
a raptarte vida mía.
pues en rebeldía me haría,
y si es preciso vendría
a raptarte vida mía.
CECILIA.- ¿Y como hacemos vida
para plantear semejante empresa?.
A mis padres esta dicha
y a tu patrón la licencia,
con la que unir nuestro amor
a pesar de su posible dolor.
para plantear semejante empresa?.
A mis padres esta dicha
y a tu patrón la licencia,
con la que unir nuestro amor
a pesar de su posible dolor.
DANIEL.- Llama a tus padres ahora.
Yo voy a buscar a mi patrón.
Aquí nos veremos sin demora
y resolveremos esta desazón.
Yo voy a buscar a mi patrón.
Aquí nos veremos sin demora
y resolveremos esta desazón.
CECILIA.- Ve pues sin tardanza
que un segundo sin tu presencia,
es como estar de fianza
y ya siento tu ausencia.
que un segundo sin tu presencia,
es como estar de fianza
y ya siento tu ausencia.
(Sale Daniel por la puerta del fondo)
CECILIA.- ¡Ay qué desazón madre!,
que si antes no vivía en mí,
ahora mi cuerpo se embate
entre los nervios y la muerte.
¿Que será de nosotros
si no aceptan nuestros votos?.
Que mi vida se apagará,
o Daniel capaz será
de luchar por nuestro amor,
hasta la muerte...
¡Que horror!.
que si antes no vivía en mí,
ahora mi cuerpo se embate
entre los nervios y la muerte.
¿Que será de nosotros
si no aceptan nuestros votos?.
Que mi vida se apagará,
o Daniel capaz será
de luchar por nuestro amor,
hasta la muerte...
¡Que horror!.
Sale por la puerta del fondo
pasados unos instantes entran por la misma puerta Daniel y don Fidel
DON FIDEL.- ¿Que pasa mancebo?.
¿Que prisas son estas?.
¿Acaso la cena está puesta
y se enfría el puchero?.
¿Que prisas son estas?.
¿Acaso la cena está puesta
y se enfría el puchero?.
DANIEL.- No patrón... no es cuestión del yantar,
que algo le tengo que decir,
que no tiene demora el platicar
la importancia del tema a discutir.
que algo le tengo que decir,
que no tiene demora el platicar
la importancia del tema a discutir.
DON FIDEL.- (A parte)
Ay Dios que creo saber
lo que este zagal quiere
que al ser este nuestro último viaje
le ha entrado la prisa al guaje.
Ay Dios que creo saber
lo que este zagal quiere
que al ser este nuestro último viaje
le ha entrado la prisa al guaje.
Entran en escena el posadero, su esposa y su hija por la puerta del fondo
POSADERA.- ¡Pero hija,
no es hora de entretener
que la cena hay que poner!
no es hora de entretener
que la cena hay que poner!
CECILIA.- No se preocupen padres,
que un momento ha de ser
que un momento ha de ser
POSADERO.- (Viendo a don Fidel y a Daniel. Se dirige a don Fidel)
¿También a usted lo han citado,
o ya venía a echar cuenta
del cocido maragato?.
que ya está preparado en la venta.
¿También a usted lo han citado,
o ya venía a echar cuenta
del cocido maragato?.
que ya está preparado en la venta.
DON FIDEL.- Prisa al mozalbete le ha entrado,
y no se de que trato
han estado estos dos hablando
y no se de que trato
han estado estos dos hablando
POSADERO.- Algo mi mujer me ha contado
que me tenía muy preocupado.
Pero veamos haber por Dios,
lo que nos cuentan estos dos.
que me tenía muy preocupado.
Pero veamos haber por Dios,
lo que nos cuentan estos dos.
DANIEL.- (Dirigiéndose directamente a los posaderos)
Tengo a bien señores
en este mismo instante,
pedirle licencia
para desposar a esta doncella
Así a ustedes les pido su mano,
(Dirigiéndose a don Fidel)
y a usted don Fidel permiso de hermano.
Ya se que puede parecer inadecuado,
pero ya hace mucho tiempo
que ando rondando a este encanto.
Es tanto el amor que por ella siento
que si no accedieran a ello
mi vida perdería el sentido,
pues no me planteo siquiera
seguir mi vida quimera
si Cecilia no es parte de ella.
Tengo a bien señores
en este mismo instante,
pedirle licencia
para desposar a esta doncella
Así a ustedes les pido su mano,
(Dirigiéndose a don Fidel)
y a usted don Fidel permiso de hermano.
Ya se que puede parecer inadecuado,
pero ya hace mucho tiempo
que ando rondando a este encanto.
Es tanto el amor que por ella siento
que si no accedieran a ello
mi vida perdería el sentido,
pues no me planteo siquiera
seguir mi vida quimera
si Cecilia no es parte de ella.
CECILIA.- Lo mismo siente mi corazón
que perderé hasta la razón,
si no consienten padres
este nuestro enlace.
Lo mismo que usted señor arriero,
que mi adorable amor sincero
no quisiera dar el paso,
si usted como su patrón
no consiente esta unión.
que perderé hasta la razón,
si no consienten padres
este nuestro enlace.
Lo mismo que usted señor arriero,
que mi adorable amor sincero
no quisiera dar el paso,
si usted como su patrón
no consiente esta unión.
POSADERO.- He de confesar sincero,
que no estaba de acuerdo
en consentir esta unión.
Pues sabía que los arrieros,
son muy celosos de su tradición
y no consienten uniones ni tratos,
fuera de su gremio de arrieros maragatos.
Pero ya mi esposa, don Fidel
me puso al corriente
de todo lo que acontece.
que no estaba de acuerdo
en consentir esta unión.
Pues sabía que los arrieros,
son muy celosos de su tradición
y no consienten uniones ni tratos,
fuera de su gremio de arrieros maragatos.
Pero ya mi esposa, don Fidel
me puso al corriente
de todo lo que acontece.
DON FIDEL.- Este es un entuerto
que tenemos que desfacer primero.
Y es que tu mi fiel mancebo
no puedes abandonar ahora,
esta empresa que nos lleva,
de transportar el encargo
desde el mar a los gatos.
que tenemos que desfacer primero.
Y es que tu mi fiel mancebo
no puedes abandonar ahora,
esta empresa que nos lleva,
de transportar el encargo
desde el mar a los gatos.
DANIEL.- No pretendía tal cosa
y si usted tiene a bien,
conceder nuestra unión hermosa
yo acabaría la tarea también.
Pues la palabra comprometida
es nuestra seña honrosa
que nos compromete hasta cumplirla.
y si usted tiene a bien,
conceder nuestra unión hermosa
yo acabaría la tarea también.
Pues la palabra comprometida
es nuestra seña honrosa
que nos compromete hasta cumplirla.
DON FIDEL.- Pues siendo así lo dicho
no podré impedimento alguno,
y contáis con mi bendición
en esta vuestra unión.
Siempre y cuando, claro
no opongan a vuestro enlace
problema alguno los padres.
no podré impedimento alguno,
y contáis con mi bendición
en esta vuestra unión.
Siempre y cuando, claro
no opongan a vuestro enlace
problema alguno los padres.
POSADERO.- Este mancebo sincero,
criado según los principios
del colectivo de arrieros,
que con su vida si es preciso
empeñan la palabra dada,
sin firma de documento alguno,
sellando dicha fianza
con un apretón de manos,
que los obliga a buen término
de la empresa empeñada.
Que son trabajadores natos
y solo descansan a ratos.
Así son los maragatos.
y me es muy gustoso,
el aceptar esponsales
de mi única hija adorable,
con este mancebo hacendoso.
criado según los principios
del colectivo de arrieros,
que con su vida si es preciso
empeñan la palabra dada,
sin firma de documento alguno,
sellando dicha fianza
con un apretón de manos,
que los obliga a buen término
de la empresa empeñada.
Que son trabajadores natos
y solo descansan a ratos.
Así son los maragatos.
y me es muy gustoso,
el aceptar esponsales
de mi única hija adorable,
con este mancebo hacendoso.
DON FIDEL.- ¡Ea pues!.
¡No se hable más!.
Mi palabra empeñada está.
Y será, que tan pronto llegaras
a Madrid con la carga
vuelta darás a estas tierras
con la montura que montas,
y una dote de esponsales
que te has ganado con creces.
por tu fidelidad de años,
por tu servicio y amaños
Por todo lo dicho
¡Consiento!
¡No se hable más!.
Mi palabra empeñada está.
Y será, que tan pronto llegaras
a Madrid con la carga
vuelta darás a estas tierras
con la montura que montas,
y una dote de esponsales
que te has ganado con creces.
por tu fidelidad de años,
por tu servicio y amaños
Por todo lo dicho
¡Consiento!
POSADERO.- Eso nos dará tiempo,
a organizar la boda
en el templo.
Pues no he de permitir ahora,
que en mi casa honrosa
convivan dos almas enamoradas.
Por todo lo dicho.
¡Consiento!
a organizar la boda
en el templo.
Pues no he de permitir ahora,
que en mi casa honrosa
convivan dos almas enamoradas.
Por todo lo dicho.
¡Consiento!
POSADERA.- ¡Ea!, ¡Pues no se hable más!
y dejemos a los solteros
que hablen un momento.
Que celebren este encuentro.
Pero solo un instante,
que la cena ya está expectante.
y dejemos a los solteros
que hablen un momento.
Que celebren este encuentro.
Pero solo un instante,
que la cena ya está expectante.
(Salen los tres por la puerta del fondo)
CECILIA.- ¡Ay amor qué dicha tengo!
que mi corazón late contento
y ganas me dan, cielo,
de vocear nuestro amor intenso
a todo el universo.
que mi corazón late contento
y ganas me dan, cielo,
de vocear nuestro amor intenso
a todo el universo.
DANIEL.- Es una dicha lo que me fluye,
no me cabe en el corazón
todo la alegría y pasión.
Que ganas me dan de gritar,
¡Te quiero, mi amor besar!.
Y es verdad, corazón,
que el amor duele.
Pues pierdo la razón
y necesito besarte.
no me cabe en el corazón
todo la alegría y pasión.
Que ganas me dan de gritar,
¡Te quiero, mi amor besar!.
Y es verdad, corazón,
que el amor duele.
Pues pierdo la razón
y necesito besarte.
(Se abrazan y se funden en un beso)
BAJA EL TELÓN
FIN DEL ACTO II
FIN DEL ACTO II
.................................
ACTO III
SUBE EL TELÓN
Están en el escenario don Fidel y el posadero
(Entra el peregrino)
ACTO III
SUBE EL TELÓN
Están en el escenario don Fidel y el posadero
DON FIDEL.- Buena cuenta de la cena hemos dado.
Tal vez hasta demasiado.
Felicite a las cocineras,
y ya veremos como nos ha sentado
Tal vez hasta demasiado.
Felicite a las cocineras,
y ya veremos como nos ha sentado
POSADERO.- Sabe de sobra, amigo arriero
que esta casa es humilde
pero siempre ha habido buen puchero
que esta casa es humilde
pero siempre ha habido buen puchero
(Entra un peregrino por la puerta principal, se queda sin entrar del todo)
PEREGRINO.- Buenas noches señores,
perdonen las horas que vengo,
pero hoy el camino
se ha hecho eterno.
¿Tendrían posada y fonda
pare este humilde forastero?
perdonen las horas que vengo,
pero hoy el camino
se ha hecho eterno.
¿Tendrían posada y fonda
pare este humilde forastero?
POSADERO.- Pase usted buen hombre,
pues nunca de mi casa ha marchado,
persona alguna con hambre
y descanso reparador logrado.
pues nunca de mi casa ha marchado,
persona alguna con hambre
y descanso reparador logrado.
(Entra el peregrino)
PEREGRINO.- El Patrón Santiago se lo ha de premiar.
POSADERO.- Espere aquí un momento,
que voy dentro
que voy dentro
(Sale el posadero por la puerta del fondo)
DON FIDEL.- ¿Y que?, ¿qué tal va el peregrinar?
PEREGRINO.- Hace días que empecé
en Roncesvalles, ya ve.
Ya he perdido la cuenta
de los días que llevo de vuelta.
en Roncesvalles, ya ve.
Ya he perdido la cuenta
de los días que llevo de vuelta.
DON FIDEL.- ¡A mí me va ha hablar
de lo que es caminar!.
Arriero soy y años llevo
con este trasiego.
de lo que es caminar!.
Arriero soy y años llevo
con este trasiego.
PEREGRINO.- Arrieros son los que
mercancías llevan
¿No?
mercancías llevan
¿No?
DON FIDEL.- Así es mi buen señor.
Dicen los que entienden de esto
que fue Ordoño primero
allá por el siglo noveno
quien hecha la repoblación
y expulsión de moriscos
estableció los recueros
para abastecer al pueblo
de víveres y fueros.
Con el correr de los años
otro Rey libró al arriero
de los portazgos.
Se le encomienda también
el traslado de impuestos
de tierras interiores
a la capital del reino.
Para defender el dinero
se le autoriza portar
armas con que defender
tan rico caudal.
Con su vida es de entender
que defenderá su honra,
pues sepa mi buen peregrino
que palabra y vida
empeña el arriero.
Ya lo dijo el maragato Cordero
a la Reina Isabel Segunda
perdiendo dinero en la empresa
que esta encomendó al primero.
"La palabra del maragato
ha de cumplirse siempre,
y más si se le dá
a una dama tan baliente".
Hoy las cosas han cambiado,
y siglos de andar pendiente,
por estos caminos hirientes,
el progreso del siglo veinte,
que ya lo tenemos encima
nos sume en esta sima.
Yo soy el último arriero
de una larga estirpe del gremio.
Pues el tren del progreso
que no se detiene
transporta el pescado fresco
en un día entero
lo que a nosotros hacemos en veinte.
Dicen los que entienden de esto
que fue Ordoño primero
allá por el siglo noveno
quien hecha la repoblación
y expulsión de moriscos
estableció los recueros
para abastecer al pueblo
de víveres y fueros.
Con el correr de los años
otro Rey libró al arriero
de los portazgos.
Se le encomienda también
el traslado de impuestos
de tierras interiores
a la capital del reino.
Para defender el dinero
se le autoriza portar
armas con que defender
tan rico caudal.
Con su vida es de entender
que defenderá su honra,
pues sepa mi buen peregrino
que palabra y vida
empeña el arriero.
Ya lo dijo el maragato Cordero
a la Reina Isabel Segunda
perdiendo dinero en la empresa
que esta encomendó al primero.
"La palabra del maragato
ha de cumplirse siempre,
y más si se le dá
a una dama tan baliente".
Hoy las cosas han cambiado,
y siglos de andar pendiente,
por estos caminos hirientes,
el progreso del siglo veinte,
que ya lo tenemos encima
nos sume en esta sima.
Yo soy el último arriero
de una larga estirpe del gremio.
Pues el tren del progreso
que no se detiene
transporta el pescado fresco
en un día entero
lo que a nosotros hacemos en veinte.
PEREGRINO.- ¿Y que será de ustedes ahora?
DON FIDEL.- Unos a la Argentina han marchado.
Los más siguen su rutina
y pescaderías han montado
allá en la ciudad de los gatos
capital del reino amado.
Otros en Galicia han quedado
y unos pocos en la comarca
que lleva nuestro nombre de marca
y es la comarca Mar a gata.
Los más siguen su rutina
y pescaderías han montado
allá en la ciudad de los gatos
capital del reino amado.
Otros en Galicia han quedado
y unos pocos en la comarca
que lleva nuestro nombre de marca
y es la comarca Mar a gata.
PEREGRINO.- En Astorga hice día.
Descansando de tanto caminar,
allí me contaron que había
varios caminos a tomar;
que si por el puerto Manzanal
tomando camino hacia Torre
pasando por la iglesia de San Juan
que entre La Silva y Montealegre está.
Otro me dijo que hacia Brañuelas tomara,
de aquí, bajar a Cerezal
pasar el Monasterio de Santa Maria Magdalena
que ya en ruinas está.
Subir el alto de la Vela
y bajar hacia La Ribera.
Pero hubo varios lugareños
que consejo seguro me dieron
que siguiera el camino de los arrieros.
Eso hice y por Foncebadón
me vine más ligero
Descansando de tanto caminar,
allí me contaron que había
varios caminos a tomar;
que si por el puerto Manzanal
tomando camino hacia Torre
pasando por la iglesia de San Juan
que entre La Silva y Montealegre está.
Otro me dijo que hacia Brañuelas tomara,
de aquí, bajar a Cerezal
pasar el Monasterio de Santa Maria Magdalena
que ya en ruinas está.
Subir el alto de la Vela
y bajar hacia La Ribera.
Pero hubo varios lugareños
que consejo seguro me dieron
que siguiera el camino de los arrieros.
Eso hice y por Foncebadón
me vine más ligero
DON FIDEL.- ¡Eh hizo bien!
pues son estos caminos los más andados
aunque hay tantos caminos
pues son estos caminos los más andados
aunque hay tantos caminos
como peregrinos.
PEREGRINO.- Algo conozco del arriero
por romance popular
que se canta en todo lugar.
"Caminito de Bembibre
caminaba el arriero
buen zapato, buena media
y buen bolsillo de dinero.
Siete machos arreaba
ocho con el delantero
nueve se pueden contar
con el de la silla y freno"
por romance popular
que se canta en todo lugar.
"Caminito de Bembibre
caminaba el arriero
buen zapato, buena media
y buen bolsillo de dinero.
Siete machos arreaba
ocho con el delantero
nueve se pueden contar
con el de la silla y freno"
(Entra el posadero por la puerta del fondo)
POSADERO.- Ya puede usted pasar
un cuarto en que reposar
agua, jabón y toalla
con los que poderse asear,
y algo para cenar.
Todo en su cuarto
servido está
un cuarto en que reposar
agua, jabón y toalla
con los que poderse asear,
y algo para cenar.
Todo en su cuarto
servido está
PEREGRINO.- Pues usted me dirá
cuanto le he de pagar
cuanto le he de pagar
POSADERO.- Mi conciencia cristiana
no me permite cobrar
a una persona cansada
que al Santo Sepulcro va.
no me permite cobrar
a una persona cansada
que al Santo Sepulcro va.
PEREGRINO.- ¡Ea pues señores!
me retiro a descansar
tenga usted buen viaje arriero.
Y a usted mi buen posadero
mil gracias le he de dar.
Por ambos rezaré en Santiago
y en la tumba del Patrón
por los dos pediré protección
me retiro a descansar
tenga usted buen viaje arriero.
Y a usted mi buen posadero
mil gracias le he de dar.
Por ambos rezaré en Santiago
y en la tumba del Patrón
por los dos pediré protección
DON FIDEL.- Buen camino peregrino
(salen el peregrino y el posadero por la puerta del fondo)
(Entra Daniel por la puerta principal)
ACTO IV
SUBE EL TELÓN
En el escenario están el posadero, la posadera y don Fidel
(Entra Daniel por la puerta principal)
DANIEL.- Todos sus mandados
ya están realizados.
Establecidas las guardias
hasta el amanecer del día.
ya están realizados.
Establecidas las guardias
hasta el amanecer del día.
DON FIDEL.- Muy bien Daniel.
Siempre me has sido fiel
te voy a echar de menos
cuando en Madrid descarguemos.
Quiero que sepas
que si aquí te falta trabajo
que a mi lado siempre tendrás
algo por allí abajo.
O si lo prefieres
en Coruña podrás
con mi hijo Tomás.
Siempre me has sido fiel
te voy a echar de menos
cuando en Madrid descarguemos.
Quiero que sepas
que si aquí te falta trabajo
que a mi lado siempre tendrás
algo por allí abajo.
O si lo prefieres
en Coruña podrás
con mi hijo Tomás.
DANIEL.- Gracias mi amo.
DON FIDEL.- No me llames amo
que nunca como tal te he tratado.
Has sido más que un criado,
y como hijo te he tratado
que nunca como tal te he tratado.
Has sido más que un criado,
y como hijo te he tratado
DANIEL.- Así ha sido don Fidel,
siempre de usted he recibido
buen trato y buen salario
siempre de usted he recibido
buen trato y buen salario
DON FIDEL.- Bueno zagal
he de ir a descansar,
no tardes en hacer lo mismo
que mañana nos espera buen camino,
y ya sabes que exijo
buen descanso para tener tino
pues en cualquier lugar del camino
pueden salirnos ladrones
que quieran hacerse con los serones.
he de ir a descansar,
no tardes en hacer lo mismo
que mañana nos espera buen camino,
y ya sabes que exijo
buen descanso para tener tino
pues en cualquier lugar del camino
pueden salirnos ladrones
que quieran hacerse con los serones.
DANIEL.- No se preocupe usted
que pronto me retiraré.
He encargado a los muchachos
que las armas revisen y engrasen.
que pronto me retiraré.
He encargado a los muchachos
que las armas revisen y engrasen.
DON FIDEL.- Buenas noches, pues.
DANIEL.- Buenas noches don Fidel.
(Don Fidel se retira por la puerta del fondo)
(Entra por la misma puerta Cecilia)
CECILIA.- Buenas noches, amor al verte
salí aquí temiendo no hallarte.
salí aquí temiendo no hallarte.
DANIEL.- Imposible me hubiera sido
conciliar el sueño
si no viera primero
tu cara de ángel risueño.
Pues me he pasado el día
añorándote en todo instante
y aunque mi corazón late
más tranquilo que antes
aún espero el día
de tenerte para mi solo,
y será mi alegría
pues eres mi tesoro.
conciliar el sueño
si no viera primero
tu cara de ángel risueño.
Pues me he pasado el día
añorándote en todo instante
y aunque mi corazón late
más tranquilo que antes
aún espero el día
de tenerte para mi solo,
y será mi alegría
pues eres mi tesoro.
CECILIA.- Tampoco yo podría, tesoro
conciliar el sueño un poco
conciliar el sueño un poco
DANIEL.- Es tanto el ansia que tengo
de poseer este cuerpo entero,
que un encargo para tí tengo
y que has de cumplir luego.
Y es que el día que vuelva,
sin demora, ni tardanza
tengas la boda preparada.
de poseer este cuerpo entero,
que un encargo para tí tengo
y que has de cumplir luego.
Y es que el día que vuelva,
sin demora, ni tardanza
tengas la boda preparada.
CECILIA.- Así lo haré mi vida.
DANIEL.- Ahora me tengo que ir.
Descansado he de estar
pues no puedo decepcionar
al que tantos años serví.
Descansado he de estar
pues no puedo decepcionar
al que tantos años serví.
CECILIA.- Ve con Dios
mi buen amor
mi buen amor
DANIEL.- Con los ángeles
tu has de quedar.
tu has de quedar.
(Se besan)
BAJA EL TELÓN
FIN DEL ACTO III
FIN DEL ACTO III
.....................
ACTO IV
SUBE EL TELÓN
En el escenario están el posadero, la posadera y don Fidel
DON FIDEL.- Bueno queridos amigos
hasta aquí ha llegado
tantos años de amistad.
Se hace difícil el despido
hasta aquí ha llegado
tantos años de amistad.
Se hace difícil el despido
POSADERO.- Siempre esta ha sido su casa,
y siempre en ella a tenido
trato de hermano y dispensa,
y de usted lo mismo hemos obtenido.
y siempre en ella a tenido
trato de hermano y dispensa,
y de usted lo mismo hemos obtenido.
DON FIDEL.- Desde luego amigo posadero
siempre en mi casa me he sentido.
siempre en mi casa me he sentido.
POSADERA.- En los zurrones le he metido
la comida que ha pedido.
A mayores licencia me he cogido
y dos hogazas también van,
así como dos empanadas bercianas
para cuando le entren las ganas,
de pararse a dar cuenta
de las viandas que lleva
la comida que ha pedido.
A mayores licencia me he cogido
y dos hogazas también van,
así como dos empanadas bercianas
para cuando le entren las ganas,
de pararse a dar cuenta
de las viandas que lleva
DON FIDEL.- Gracias le doy posadera,
pues siempre en su hospedería,
hemos tenido buen plato
y muy buen descanso.
Algo que los arrieros
siempre hemos valorado,
y así les digo, amigos
que en esta bolsa de pita
van suficientes cuartos
con que pagar esta cuita.
(le entrega la bolsa al posadero)
También en ella meto
sueldo para pagar a los braceros
y un pequeño emolumento
para los gastos primeros
del casamiento de mi recuero.
pues siempre en su hospedería,
hemos tenido buen plato
y muy buen descanso.
Algo que los arrieros
siempre hemos valorado,
y así les digo, amigos
que en esta bolsa de pita
van suficientes cuartos
con que pagar esta cuita.
(le entrega la bolsa al posadero)
También en ella meto
sueldo para pagar a los braceros
y un pequeño emolumento
para los gastos primeros
del casamiento de mi recuero.
POSADERO.- Gracias le he de dar,
pues con el nuevo futuro
que nos ha de llegar,
no tiene motivo alguno
una venta en este lugar.
En las hectáreas vacías que deja
ganado hemos de criar.
pues con el nuevo futuro
que nos ha de llegar,
no tiene motivo alguno
una venta en este lugar.
En las hectáreas vacías que deja
ganado hemos de criar.
DON FIDEL.- Pues si me permiten señores
algo yo he de aportar.
En Madrid no necesito portes
asique mi recua de tiro
para este lugar vendrá.
algo yo he de aportar.
En Madrid no necesito portes
asique mi recua de tiro
para este lugar vendrá.
POSADERO.- Pero eso ¡Gran valor tendrá!
DON FIDEL.- Dicen bien, ¡tendrá!.
Pero en Madrid me lo compran
solo para carne matar.
A muy bajo precio pagan
y a ustedes prefiero regalar.
En la vuelta de mi recuero
con él se las he de mandar.
Pero en Madrid me lo compran
solo para carne matar.
A muy bajo precio pagan
y a ustedes prefiero regalar.
En la vuelta de mi recuero
con él se las he de mandar.
POSADERA.- ¿Como se lo podremos pagar?
DON FIDEL.- Son ustedes buena gente
he visto que a los peregrinos
no les cobran por ser clientes,
dando posada y fonda
a esas almas que van en ronda.
Con eso me doy por pagado,
y les pido un encargo
que todo el que aquí toque
encuentre aposento y sustento
pues usted buena cocinera es
y no se puede dejar de largo
sus buenos platos principales.
Ese cocido maragato,
que aliña con buenos garbanzos
su lacón y cecina,
también buena gallina.
Su hueso de caña
con buenas patatas,
su aceite de oliva
y su oreja bien rica;
que si su morcillo;
y su ración de chorizo;
y su manita de cerdo;
su cebolla y su ajo;
y su berza que hacen buen caldo
con los fideos
y más condimentos.
Que se come al revés
por si hay que salir por pies.
Sin olvidar también
ese congrio al ajo arriero
y hasta ese pulpo con cachelos.
he visto que a los peregrinos
no les cobran por ser clientes,
dando posada y fonda
a esas almas que van en ronda.
Con eso me doy por pagado,
y les pido un encargo
que todo el que aquí toque
encuentre aposento y sustento
pues usted buena cocinera es
y no se puede dejar de largo
sus buenos platos principales.
Ese cocido maragato,
que aliña con buenos garbanzos
su lacón y cecina,
también buena gallina.
Su hueso de caña
con buenas patatas,
su aceite de oliva
y su oreja bien rica;
que si su morcillo;
y su ración de chorizo;
y su manita de cerdo;
su cebolla y su ajo;
y su berza que hacen buen caldo
con los fideos
y más condimentos.
Que se come al revés
por si hay que salir por pies.
Sin olvidar también
ese congrio al ajo arriero
y hasta ese pulpo con cachelos.
(Entra Daniel por la puerta lateral)
DANIEL.- Patrón
Ya todo está dispuesto para marchar
a la espera de su deseo
y tenga a bien montar
en el caballo primero
para el viaje que hemos de iniciar.
Ya todo está dispuesto para marchar
a la espera de su deseo
y tenga a bien montar
en el caballo primero
para el viaje que hemos de iniciar.
DON FIDEL.- Vallamos pues.
Te dejo mi buen recuero
el caballo más ligero
para que despedirte puedas
de tu amada, a la puerta.
Así puedas sin mucha fuerza
alcanzar la nuestra recua
y te pongas en el freno
así lo dispondré primero.
Ahora sí, mis buenos amigos
me despido con mucho tino.
Te dejo mi buen recuero
el caballo más ligero
para que despedirte puedas
de tu amada, a la puerta.
Así puedas sin mucha fuerza
alcanzar la nuestra recua
y te pongas en el freno
así lo dispondré primero.
Ahora sí, mis buenos amigos
me despido con mucho tino.
POSADERO.- Le acompañamos fuera
(Salen los tres; el posadero, la posadera y don Fidel por la puerta lateral)
DANIEL.- ¡Cecilia!...¡Cecilia!
(Entra Cecilia por la puerta del fondo)
CECILIA.- ¿Ya os vais, amor?
DANIEL.- Ya el descanso esté hecho.
Ya el amanecer espera.
Ya mi corazón anhela
el momento del regreso.
Ya el amanecer espera.
Ya mi corazón anhela
el momento del regreso.
CECILIA.- Ya mi corazón late
con mucho desenfreno.
Ya mi ansia crece.
Ya mi angustia me vence.
Ya mi impaciencia decrece.
y aún no te has ido,
no se como vencer tal desatino.
con mucho desenfreno.
Ya mi ansia crece.
Ya mi angustia me vence.
Ya mi impaciencia decrece.
y aún no te has ido,
no se como vencer tal desatino.
DANIEL.- Has de pensar, vida mía
que apenas en doce días,
a de llegar el momento
de este nuestro reencuentro.
que apenas en doce días,
a de llegar el momento
de este nuestro reencuentro.
CECILIA.- ¡Doce días, dice!.
Para mi una vida entera,
que cada día crece
y no tiene fin mi dolencia
Para mi una vida entera,
que cada día crece
y no tiene fin mi dolencia
DANIEL.- Nos calienta el mismo sol
por el día con dulzor.
Nos ilumina la misma luna
y por la noche nos acuna.
Nos guían las mismas estrellas
que a tí me han de guiar como centellas.
Quiero decir con esto
que la distancia no es tanta,
que está más en nuestro seso
que la que nos separa y quebranta
por el día con dulzor.
Nos ilumina la misma luna
y por la noche nos acuna.
Nos guían las mismas estrellas
que a tí me han de guiar como centellas.
Quiero decir con esto
que la distancia no es tanta,
que está más en nuestro seso
que la que nos separa y quebranta
CECILIA.- ¡Es que cada día que paso
sin tí será un espanto!
sin tí será un espanto!
DANIEL.- También para mí será
un sin fin de luchar.
Cabalgaré de vuelta
sin pararme siquiera
un sin fin de luchar.
Cabalgaré de vuelta
sin pararme siquiera
CECILIA.- ¡Ay amor que no es eso!.
Que no quiero que por prisa
te pueda pasar algo serio.
Debes descansar los huesos
que la cabalgada precisa.
Que no quiero que por prisa
te pueda pasar algo serio.
Debes descansar los huesos
que la cabalgada precisa.
DANIEL.- Algo descansaré también
pero el aliento de tu amor,
me dará fuerzas y candor
para llegar a tu regazo bién.
pero el aliento de tu amor,
me dará fuerzas y candor
para llegar a tu regazo bién.
CECILIA.- ¡No veo el día!
DANIEL.- ¡No veo el momento!
CECILIA.- ¡De tenerte de nuevo!
DANIEL.- ¡De que seas mía!
CECILIA.- También yo lo quiero.
DANIEL.- También yo lo siento
(Se hace un instante de silencio)
DANIEL.- Tengo que partir ya,
que cada instante que pasa,
se me hace más amarga
la maldita despedida.
que cada instante que pasa,
se me hace más amarga
la maldita despedida.
CECILIA.- ¡Ve pues amor!
(Se dan un largo beso. Daniel sale por la puerta lateral
CECILIA.- Ahí se van...
Este es el final...
De la vida del arriero
de hombres férreos y bravos
que en la historia han marcado
leyendas, cuentos y vivencias.
Que han dejado su impronta
en este país leonés.
Que no hay gesta alguna
que tantos siglos perdura
como es la historia dura
de estos hombres honrados
como son, los arrieros maragatos
Este es el final...
De la vida del arriero
de hombres férreos y bravos
que en la historia han marcado
leyendas, cuentos y vivencias.
Que han dejado su impronta
en este país leonés.
Que no hay gesta alguna
que tantos siglos perdura
como es la historia dura
de estos hombres honrados
como son, los arrieros maragatos
BAJA EL TELÓN
FIN DE LA OBRA
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